Levedad
>> Friday, February 23, 2007
Archivé esas ideas bajo la etiqueta "interesante" y las olvidé. En ese momento tenía otras cosas más interesantes en que pensar.
Hace unos días leí:
Así comienza La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. El libro que acabo de terminar, el mejor que he leído en harto tiempo.
Los filósofos aún se pelean por tratar de entender a que se refería Nietzsche cuando resucitó la idea del eterno retorno, que nació en la antigüedad y había caído en desuso. Pero a muy grandes rasgos lo que postula Nietzsche es el concepto de que el universo se ha repetido y continuará repitiéndose en exactamente la misma forma un número infinito de veces. Es decir, todo se repite. No solo los hechos, sino también los sentimientos, pensamientos, hasta las cosas más insignificantes. Una y otra vez, hasta el infinito.
Un ser que vive en un eterno retorno vive en un tiempo circular. Si toda su vida y sus circunstancias han de repetirse infinitas veces, sus acciones adquieren de pronto una importancia inesperada. Sus decisiones se tornan cruciales, sus ideas trascendentes, su conjunto de circunstancias se vuelven decisivas y relevantes. Carga en si la importancia, la responsabilidad, la trascendencia.
Hay gente que mata por eso.
Pero el eterno retorno presenta el gran problema de que, precisamente, el ser carga con el retorno. Cada una de sus decisiones, con los correspondientes éxitos y fracasos, se repetirán de manera infinita. Eso ata cada uno de sus actos y pensamientos a una piedra de molino, y lo hace cargar con el peso mas pesado imaginable, el das schwerste Gewicht de Nietzsche. Porque los seres se equivoca, sufren y lloran. Ante la repetición eterna de los errores y los fracasos la idea del eterno retorno pierde la gracia, nadie quiere ver sus malas ideas reproducidas por siempre.
Ante la carga del retorno se presenta la dulce levedad del ser.
Una vida humana es algo que ocurre solo una vez. Tiene la maravilla de la intrascendencia, la ligereza de los hechos singulares. Una vida sin retorno no tiene la carga pesada, su importancia es fugaz y limitada. Así no hay carga, ni responsabilidad, solo levedad. La dulce e insoportable levedad del ser.
Si ante la carga pesada de una repetición infinita la levedad se antoja dulce y deseable
¿de donde nace lo insoportable?
Porque por pesada que sea la carga, en el fondo el ser añora ese peso. Desea trascender y ser más que un experimento aislado y pasajero. La oposición entre carga negativa y levedad positiva de Parménides no parece tan clara a la hora de enfrentarse a la propia intrascendencia, a la desconsoladora levedad de ser y su insignificancia. Einmal ist keinmal como repite Kundera en el libro: una no es ninguna. Lo que ocurre solo una vez es como si no ocurriera nunca. Y no ocurrir nunca no es una idea reconfortante para el ser humano, imbuido en su propia importancia.
Abrir los ojos ante la levedad del ser implica ver al ser humano como un niño, enviado a jugar sin experiencia distintos juegos que no ofrecen más que una oportunidad. Jamás podrá saber si la decisión que tomó fue la correcta, porque nunca podrá devolverse a ver como habría sido de otra manera. Y el ser humano se angustia y duda antes de decidir, porque no hay vuelta atrás. Y embargado en su propia grandeza ilusoria, se le asoma la levedad, la que lo angustia tanto como el peso.
Kundera dice: La contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones.
Pero que demonios sabe él de todas maneras. Después de todo su ser es tan leve como el de cualquiera, todos fugaces, todos caminando hacia el fin.
Y esa es la insoportable levedad del ser.

